LOS FRUTOS DE LA JUSTICIA

(Leyenda del Ka’i-guaraní)
El indiecito corría por planicies, aldeas y caminos.
Husmeándolo todo. Empapando el aire de travesuras y carcajadas. Árboles, grutas, escondites, nada reservaba para él secreto alguno. Un día cualquiera iba el mberu’i –su apodo ganado por zumbador- liderando un grupo de ágiles muchachitos. La nueva aventura consistía en atacar las frutas de los guavira pita que en conjunto armonioso se erguían en el horizonte. Treparon a los troncos y dando grandes dentelladas comieron muchas frutas. El cansado anciano les vio. ¡Cuánto deseaba al menos una de las apetitosas frutas!. ¿Cuántos días llevaba sin comer? El calor la sed los años le habían tumbado en aquel rincón, sobre la redonda piedra bajo la sombra del nuevo árbol.
En un supremo esfuerzo, tambaleante, se dirigió a los jovencitos que sobre los guavira pitá no cesaban de festejar.
Alguien observa...
El anciano suplica una fruta y acompaña la inflexión de su grave voz un hondo quejido que proviene de unos pulmones extenuados.
-¡Sube, viejo! ¡Vamos! ¿Por qué no trepas? ¡Si quieres tu fruta ven por ella!-dijo el mberu’i.
-¡Ja, ja! Mi madre dice eso: ¡si quieres algo ve por ello!
Nuevamente el anciano ruega, aunque no sea más que un trozo de fruta... por respuesta sigue obteniendo un desfile de siniestras carcajadas.
El anciano baja la cabeza, los cenicientos cabellos chorrean escuálidas hebras a cada lado del empercudido rostro. Apenas las mece la brisa.
Alguien observa y se restriega los verdes ojos.
¡Por Tupa! ¡Es el ka’ aguy póra!
Vuelve a contemplar los niños en las copas, tan insensibles al dolor ajeno.
Alza las espesas pestañas y vuelve a contemplar al encorvado ser que apenas avanza pisando torpemente las hierbas...
El ka’ aguy póra apunta la poderosa mirada y dispara relámpagos.
¡Al instante todos los niños se convierten en ka’i! Sólo ásperos chirridos de sus gargantas parten! Ya no vestirán su garganta de palabras...
El ka’aguy póra ordenó el monte otra vez... impuso justicia y se retiró de escena con la satisfacción del deber cumplido.
Lluvias de frutas descargaron los árboles; el anciano sonrió al advertirse rodeado de frutas; comió con avidez, luego, paseó la mirada por el monte y, agradeció al ka’aguy póra el alimento.